Las Ligas Menores en Niceto Club: «Noche de rock e intensa sensibilidad»

Luz azul es lo que irradia la esfera de espejos gigante en el techo de Niceto, que alumbra a más no poder la previa de este line-up. Cuando ese sol se apaga, el telón flamea en suspenso y da lugar a Isla Mujeres, que inicia la noche con un indie-pop de sintetizadores y sonidos de corte ochentoso. Por su lado, La Otra Cara de La Nada, siguiente banda programada, arremete con su lista de temas entre psicodélicos y melódicos, con tintes indie rock y shoegaze.

Mientras los espejos replican el azul de las luces, la bola gira sobre su eje y geometriza los haces en ángulos discontinuos que acarician nuestras caras. Afuera, 11 grados. Pero la gente se acumula cerca de la valla y ya empiezo a sentir el calor. Así esperamos a Las Ligas Menores, en su última fecha en Buenos Aires antes de su gira por España. Con el telón todavía cerrado, escuchamos acordes de guitarra, sonidos del sintetizador y la voz de Anabella Cartolano probando un mic. Las luces bajan y «Renault fuego«, en una versión electrónica de 8 bits, nos estalla en sentimientos de fiesta electro y tardes de sega. La electrónica se mezcla con los instrumentos en vivo y entonces, ahora sí, arranca la banda y el pogo de adelante.

«Mejor Así» y «Europa» muestran a los integrantes estáticos pero con la premisa de transmitir un sentimiento con cada tema. Las Ligas Menores tiene una presencia que no necesita un acting sobre el escenario o un vestuario careta. Son elles, contando historias y haciéndose preguntas. «Hoy me espera» es la primera canción que canta Pablo Kemper, y es antesala de «Accidente«. El público la vuelve a agitar y corea fuerte «y no te das cuenta que, hoy te necesito!». La lista sigue con «Tema 7» y «Avenida principal», dos temas de su primer disco de estudio, de título homónimo a la banda.

Ahora, «En Invierno» endulza el aire en un vaivén tierno y sombrío. El teclado de Nina Carrara nos introduce en este relato de distancias que no se acortan. Luces y carteles baja el tempo en un rock que, hacia el final, se prolonga repitiendo como mantras los acordes que narran una historia de cansancios reiterados.

Cuatro versos componen «Fin de año». Los dos minutos que siguen del tema son el momento para el público de dejarse llevar por el trance de este fragmento instrumental y sus sonidos entre minimalistas y punk. Sigue» Los días» y Pablo va al mic para cantar otro tema, desnudo de histrionismos y caretas. Ahora Anabella anuncia que, con mucha vergüenza, van a hacer un tema nuevo. “Ya lo van a escuchar bien después, que salga como salga”. La canción empieza con un solo de guitarra, acompañado del sinte y la bata firme de Micaela Garcia. No conocemos la letra ni sabemos cuál es el próximo acorde (a diferencia de la lista armada para esta noche), pero nos dejamos llevar por las frases musicales que componen esta novedad. La canción salió perfecta y, post-aplauso, la cantante principal relaja diciendo que “ahora ya está”. Seguimos con las que conocemos todes.

La lista continúa con «Segunda parte» y «La paciencia», dos temas de Fuego Artificial, último disco de Las Ligas. Para este álbum, la banda juega con un minimalismo que desemboca en canciones simples. El resultado es el público bailando y coreando la sencillez de este álbum. Suena «Tibet» e instintivamente mi cabeza se empieza a mover a la manera de una aguja de metrónomo analógico a 92 bpm. Es imposible que la fragilidad de esta melodía no nos atraviese.

La banda pregunta si la estamos pasando bien. Dicen que no es una pregunta por compromiso, la hacen de verdad. SI al unísono! «A tres colores» es la que sigue. Baja el tempo y nos prepara para «A 1200 km», un tema que nos transporta a un paisaje bucólico de introspección y reflexión. El bajo de Angie (la nueva integrante de la banda) marca la intro y todes coreamos el estribillo antes de tiempo: «no voy a aprender más, no es ser necia, es necesitar recapacitar». «Contando lunas» y «Peces en el mar» cierran el bloque y dejan al público lleno de energía.

«Las Ligas son bocanada de simpleza, un descanso del enredo melódico que necesitaba mi cabeza, sumergida en la invasión de productos que pretenden ser cosas que no son»

Queremos más y se lo hacemos saber a la banda. Es momento del bis, la caricia extra que todes esperamos pero nunca sabemos si sucederá. Vuelven con un acapella + guitarra, que nos prepara para cinco temas bien arriba que bailamos, cantamos y pogueamos contra la valla. «El baile de Elvis«, «Crecer», «Miércoles» y «Ni una canción» son parte de la lista. Al final, el público pide «De la mano», y la banda cumple el pedido.

El tema pasa rápido. La banda agradece, deja el escenario y queda sonando unos segundos la distorsión de la guitarra. El sol de espejos vuelve otra vez azul al público que empieza a dejar el lugar. Mi mente sintetiza un poco esta noche tremenda. Las Ligas me resulta un respiro entre tanta complejidad musical (o voluntad de). Son bocanada de simpleza, un descanso del enredo melódico que necesitaba mi cabeza, sumergida en la invasión de productos que pretenden ser cosas que no son. Su autenticidad excede los adornos, me interpela su despojo. Ya quiero que vuelvan a Argentina para verles una vez más!

Redacción NSH

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