PH Damián Muñoz

Barrio de Flores, y en el ya mítico teatro, ubicado en Rivadavia y Pergamino, se da cita a la audiencia, metalera y sin revés. Un público que va desde veteranos seguidores desde los tiempos de V8, hasta chicos que apenas se arriman a los 20, que de alguna manera se ven atraídos por la figura, ya legendaria, que fue construyendo Iorio a lo largo de su andar en el metal pesado argento de vientos fueguinos.

Apenas pasadas las 21 horas, irrumpe en el escenario la formación, con Ricardo al frente enfundado en un largo traje azul con botones dorados; casi sin dar respiro arremeten con Triunfo, clásico de Almafuerte, de aquel tremendo álbum homónimo (1998), el de los naipes en la portada.

La banda toca a un volumen demencial, lo cual transmite una fuerza increíble, pero también va en detrimento de la nitidez sonora.

La formación que acompaña en estos días a Ricardo se compone de Alejo León, un pibe de 19 años que realmente la rompe en la viola, y por cierto es un gran admirador y discípulo del Tano Marciello, lo cual se nota al escucharlo, ya que toca de manera impecable y muy respetuosa los arreglos que fueron compuestos en Almafuerte por este gran guitarrista.

El hermano de Alejo, Facundo León, es quien se encarga del bajo. Vuelve a estar a cargo de los parches quien fuera el baterista de lo que fue probablemente la versión más contundente de Almafuerte allá por fines de los ‘90, el señor Walter Martinez. Su hermano Rubén Martínez se ocupa de la segunda guitarra, y la banda se completa con Joana Gieco, hija de León, en los teclados.

Es sabido que Iorio, está preparando un nuevo álbum que no debería demorar en salir a la luz, el cual contendrá nuevas versiones de sus clásicos a través de las distintas etapas, pasando por algunos temas de Hermética, que esta vez contarán con su voz. Por tal motivo, la lista de temas de este show es una cascada de clásicos de su carrera, con algunos números que sorprende volver a escuchar, como por ejemplo Yo no lo haré, original del álbum debut de Hermética (1988). la hermosa y desgarradora Por ser yo, o la jocosa y machista Moraleja.

En su rol de letrista, Ricardo es autor de estrofas memorables, de gran contenido social que hoy se mantienen vigentes, como es el caso de Gil Trabajador, o la rescatada Por Nacer, del disco Del Entorno (1996). También sus letras tienen la facultad de transportarnos a diversos rincones de orgullo nacional, como es el caso de Ruta 76, que describe los pagos que él mismo eligió para establecerse, cercano a las sierras del Cura Malal, en la provincia de Buenos Aires.

Sosteniendo un pie de micrófono hecho con un tronco, que parece haber sido seleccionado por su perfecta anatomìa, Ricardo transmite su impronta en cada canción, sin embargo, su fuelle a veces muestra los achaques de los excesos y los años, esto hace que lo releven en las voces otros miembros de la banda, o el mismo público. A pesar de su conocida y a veces polémica verborragia, no se explayó demasiado entre temas, sólo atinó en un momento a reafirmar nuevamente sus ideas sobre el Terraplanismo.

A lo largo del espectáculo hay lugar para algunos pasajes instrumentales, como cuando la banda interpreta De Pismanta a Bauchaceta, tema que cerraba el mítico álbum de Hermética, Ácido Argentino (1991). También hay momentos donde se lucen de manera individual los músicos, interpretando clásicos de las bandas de Ricardo, como sucede con Alejo en guitarra acústica, quien nos regala algunos pasajes del Tano Marciello, Joana que interpreta Del Camionero (de Hermética). y también Walter Martínez que realiza un pequeño solo de batería.

Ya va llegando el final, y no pueden faltar himnos como Tu eres su seguridad, originalmente de Hermética, y Toro y Pampa de Almafuerte. Tras la insistencia del público, que coreaba “esta es la luz de cristo, yo la haré brillar, brillará, brillará, sin cesar”, Ricardo mira a la banda y con un gesto afirmativo, embisten con una poderosa versión de Ser humano junto a los míos. El final llega con otro festejado clásico, A vos amigo.

De esta manera, Ricardo vuelve a contentar a la audiencia, manteniendo vivo el legado de una inmensa carrera, que lo colocó como el máximo referente del género.

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