Gustavo Santolalla en Auditorio Belgrano: La eterna búsqueda de la identidad

Luego de su reciente actuación en el Teatro Colón, el multipremiado músico y productor se presentó en el Auditorio de Belgrano para desandar el camino de su extenso acervo musical.

Un pequeño grupo de personas vestidas totalmente de blanco, bajo una tenue luz azul, se apodera de la escena; se sientan frente a cuencos iluminados, y lentamente comienzan a revolver de manera continua el agua que tienen en su interior. La secuencia se prolonga por unos minutos, mientras va subiendo la intensidad de los movimientos, haciéndonos sentir que nos hemos embarcado a navegar a la deriva en un río que nos deparará todo tipo de sorpresas.

De a poco, comienzan a sumarse sonidos hasta que irrumpe el pincuyo, y se abre el telón permitiendo ver el escenario y a la banda en su totalidad. Este primer tramo del viaje corresponde al tema instrumental Inti Raymi (fiesta del sol en quechua), perteneciente al álbum conceptual del mismo nombre, publicado originalmente por Arco Iris en 1973.

El recorrido continúa por varias canciones de esta banda, fundacional y legendaria del rock argentino, probablemente la que mejor supo fusionar la riqueza musical autóctona, ya sea desde el folclore o el tango, con los elementos de la cultura rock, que en esos momentos era uno de los bastiones más fuertes de la contracultura. Se destacan en este tramo temas como Abre tu mente, Zamba, la mesopotámica ¿A dónde irás camalotal? y la extraordinaria Quiero llegar, incluida en el primer álbum de Arco Iris (1970), que en poco menos de cinco minutos despliega jazz, trayectos de zamba, tango al estilo Piazzolla y una vertiginosa sección de rock progresivo llena de intensidad hacia el final.

El espectáculo se llama Desandando el camino, y cómo podrán ver, se trata de una revisión de toda la carrera de este inmenso artista, que ha sabido desempeñarse como músico, cantautor y productor, durante más de cinco décadas.

La primera decena de canciones se completa con Compañeros de sendero, de su primer álbum solista Santaolalla (1982), el cual Gustavo editó al volver al país, trayendo nuevos sonidos, luego de algunos años de exilio, debido a la persecución a los artistas que existía en la última dictadura. Desde 1978 se radicó en Los Ángeles, ciudad que hoy en día sigue siendo su base para la vida y el trabajo.

Nuevamente sale a la luz otra joya del primer álbum de Arco Iris (1970), con una temática que ha servido de inspiración en varias ocasiones para Gustavo, Canción para un niño astronauta.

El último tema de esta primera parte es un carnavalito llamado Río de las penas y es dedicado a la voz folclórica más grande de América Latina, Mercedes Sosa, que lo ha cantado varias veces con él.

El intervalo nos da tiempo para hablar de la exquisita banda que acompaña a Santaolalla. El sexteto se completa con Pablo González (batería, bombo leguero, y demás percusiones), Nicolás Rainone (contrabajo, bajo, cello, voz), Andrés Beeuwsaert (piano, Hammond, VIbráfono, voz, etc), Barbarita Palacios (voz, percusión, Ukelele bajo, guitarra, glockenspiel, etc), Javier Casalla (violín, viola, pincuyo, guitarra eléctrica, armónica, voz) quién es su socio también en Bajofondo. Gustavo es la voz principal, también ejecuta guitarras (acústicas y eléctricas), y su tradicional ronroco.

El audio de la banda (y de la sala, también hay que decirlo) es excelente, todo suena con una nitidez abrumadora, realmente se puede apreciar cada sonido a la perfección, lo cual permite sumergirnos en los diferentes paisajes sonoros que propone la banda. También es notable la característica voz de Gustavo, que a sus 67 años hace que viejos temas como los de Arco Iris, que tienen más de 40 años, suenen casi con la misma frescura con la que fueron grabados. Sin dudas es un espectáculo con un altísimo nivel de profesionalismo, que sorprendería en cualquier parte del mundo.

La escenografía también es digna de mención, ya que genera un clima de calidez y cercanía, más allá de los mencionados cuencos hay alfombras y varias lámparas antiguas de lectura, entre otros artefactos.

Luego de unos 15 minutos de intervalo, regresan los músicos y suena No existe fuerza en el mundo, una tremenda letra que según Gustavo habla de la integridad. Luego aparecen algunos temas de su álbum solista GAS (1995), como son A Solas y Todo Vale.

Paraiso sideral, es una suite proveniente del álbum conceptual de Arco Iris, con temática extraterrestre, Agitor Lucens V (1974), obra que en su momento llegó a presentarse en París junto a un ballet.

Llega el momento de presentar De Ushuaia a la Quiaca, un tema originalmente editado en el álbum solista Ronroco (1998), inspirado en el viaje que hizo Gustavo junto a León Gieco, recorriendo la Argentina y grabando con músicos en distintas regiones, cuyo material quedó registrado en el álbum De Ushuaia a la Quiaca (1985). Lo curioso de este tema es que el director de Diarios de motocicleta (2004), Walter Salles, solicitó incluir esta música en la película, sin saber que también estaba inspirada en un viaje de dos amigos, tal como ocurre en el film, donde se relatan las anécdotas del viaje del Che Guevara junto a Alberto Granado. Este suceso también contribuyó a que Santaolalla sea requerido cada vez más por grandes directores de cine para componer las bandas de sonido de sus películas; muchas de ellas han cosechado numerosos galardones, incluyendo Oscars, como fue el caso de Brokeback Mountain (2005).

De esta película, la banda realiza un pequeño medley, junto con otra banda de sonido, que en este caso forma parte de un videojuego, denominado The last of us.

Este segundo acto se completa con la bellísima balada Hasta el día en que vuelvas, la hippie y fogonera Mañana Campestre, Vecinos, y un clásico de su primer álbum solista, la existencialista Ando Rodando.

Para los bises del final, aún con telón cerrado, Gustavo se asoma con un tambor, que tiene atados el pañuelo verde (legalización del aborto gratuito y seguro) y el naranja (separación de la iglesia y el estado). El público lo aplaude con fervor, demostrando aprobación a estas luchas vigentes, y a continuación, sin ningún micrófono de por medio, comienza a entonar la desgarradora copla No sé que tienen mis penas.

Con la banda completa de vuelta en escena, suena Sudamérica, o el regreso de la aurora, himno de Arco Iris y el gran final, con todo el público de pie, se da con Pa’ Bailar, de Bajofondo.

De esta manera concluye un show memorable de un artista que nos llevó de viaje por toda su carrera, la cual tuvo desde los comienzos una obsesión; la de generar una música con identidad propia.

Ya sea desde su labor como músico y compositor en Arco Iris, su etapa solista, su destacado rol como productor artístico, o realizando bandas de sonido de gran reconocimiento mundial, el objetivo fue siempre rescatar la riqueza de lo nativo, combinándolo con la influencia de la cultura rock y otros elementos, logrando que muchas de las grandes propuestas musicales latinoamericanas suenen hoy alrededor del mundo con gran reconocimiento.

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