Al gran pueblo skater, salud

Massacre cumple tres décadas, y va a ser difícil encontrar una banda que llegue a esa edad en tan buen estado, y con tanto futuro por delante. Su renacimiento que comenzó a divisarse con sus “12 patologías”, solidificó una idea y dio oxígeno a un grupo de hombres que necesitaban un empujón de convocatoria para reafirmar que lo que hacían formaba parte del camino correcto.

La historia de la ex Massacre Palestina no conoce de padrinos ni de acceso liberados, los lugares del under de finales de los 80 lo tuvieron como banda residente, luego Cemento se transformó en una casa para ellos, el culto era el escudo bajo el cual conceptualizaban su arte. “Sumo” y bandas de la escena skater inglesa y estadounidense eran los horizontes que Walas buscaba, y hacia allí rumbeo con los primeros discos (“Galería Desesperanza” y “Juguetes para olvidar”).

Si se retoma el concepto del camino duro que tuvo Massacre para el reconocimiento masivo, es importante marcar el accidente sufrido por Fico (guitarrista, tecladista y productor) meses antes del concierto en Obras, esa primera noche en la meca del rock se recargó de emotividad cuando los cinco integrantes pudieron estar sobre el escenario para cumplir un sueño más. Era la época del “Mamut”, ese animal que Juanchi Baleiron los ayudó a engendrar.

Esa etapa de su carrera los hizo llegar al Luna Park, y recorrer el país de punta a punta. Era un momento donde Massacre participaba de todos los festivales y de todas las visitas internacionales, lo cual generaba una sobrexposición, que a veces no eran bien vista. De esa situación, Walas, desde su verba también pudo salir airoso. “Ringo” estuvo a la altura de lo que esperaba la masa, algunos integrantes susurran que fue la obra más compleja por toda la expectativa que había alrededor.

Para seguir marcando diferencias, Massacre decidió volver a grabar un disco editado una década atrás, el cual no se podía conseguir en disquerías, y los precios de reventa en redes eran exorbitantes, otro punto que marca una postura clara en la forma de trabajo. “Biblia Ovni” se hizo esperar, pero sorprende por lo simple y despojado de sus melodías.

El 23 de septiembre deciden volver a Obras, un espacio que hoy abre las puertas por hechos puntuales y este festejo lo merece. Además de lo que hace sobre el escenario, los integrantes de este colectivo están abocados a curar y a producir nuevas bandas. El legado siempre se debe transmitir, escatimar conocimientos no habla bien de uno, en el rock donde el éxito es celoso en la mayoría de los exponentes, Massacre transita un camino alternativo.

Federico Bravo

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