Gregory Porter: El Mago encapuchado

El turista medio como la mayoría de los y las que leen este artículo que tuvo la posibilidad de visitar Nueva York, seguramente haya ido a algún club de jazz a ver una banda tocar. La zona del Soho y de Greenwich nos presentan los y las artistas más destacados de la noche neoyorquina, aquellos/as que nos dejaron con la boca abierta y nos hicieron sentir privilegiados por el rato que duró el concierto.

A principios de los años 2000, uno de esos cantantes que podías encontrar en esos clubes (Sista’s Place, Solomon’s Place y Harlem, St. Nick’s Pub) se llamaba Gregory Porter, un tipo grandote y corpulento que presentaba un repertorio de clásicos y alguna que otra composición propia que se empezaba a colar. Este aspecto ya mostraba un diferencial entre lo que se puede encontrar en esa escena.

Luego de varios años, Porter decidió editar su primer disco de manera independiente con un trabajo titánico por detrás. «Water» es el nombre de ese material compuesto por once canciones que superan la hora y que sirven para romper el hielo de una carrera que tenía mucho esfuerzo pero poca visibilidad aún. La música buscaba ser un medio de vida pero eso todavía estaba lejos aún.

Dos años después, presenta otras 12 composiciones bajo el nombre de «Be Good» veìa la luz, nuevamente el sello Motema le edita el material y a fuerza de prensa y marketing, el disco logra colarse en el chart de los Países Bajos, significando una puerta de entrada a Europa, acaso el lugar que más cobija en la actualidad al nacido en California. Una linda particularidad en su carrera.

En paralelo se estaba gestando algo por detrás, el sello Blue Note Records ya había probado los encantos de Porter. Chip Crawford, excelso pianista de jazz, lo había visto hacìa un tiempo en la noche de Manhattan y le había echado el ojo, se juntaron, Porter mostró su material pero los tiempos no iban iguales. Gregory necesitaba grabar sus canciones, ya no era un chico y quería cantar donde se pueda. Crawford decía: «Hay cientos como vos, la gente no presta atención en los clubes, hay que hacer más para destacarse».

Blue Note Records, sello emblema del género y adquirido por Universal Music con el correr de los años, no tenía mucha vida, solo catálogos de algunos artistas discontinuados pero la escena jazzera no tenía grandes exponentes para promover. «Liquid Spirit» es el tercer disco del hombre de la balaclava, de la cual vamos a hablar después. Un disco de quiebre, que le permite crecer en cantidad de público, salir de las noches de Manhattan y tener sus propios conciertos y giras. El crecimiento de su carrera en Europa, en países importantes como Reino Unido y Alemania, lo hace pasarse la gran parte de su tiempo recorriendo el Viejo Continente, previo a la pandemia el promedio era de 250 conciertos anuales para este monstruo de 1.95 mtr de altura.

La relación con su padre y su madre forjó la carrera del artista, uno ausente por completo y la otra acompañando dándole la posibilidad de que pueda estudiar y ejerciendo un doble rol, del cual Porter siempre habla en todas las entrevistas (sumado a las canciones que la nombran en su discografía). Todo esto marcado por vivir en un barrio de blancos de clase media, el cual de vez en cuando amanecía con cruces quemadas.

El sexto de siete hermanos Porter no sabe leer música, estuvo a nada de recibirse en la carrera de Urbanismo, poca relación con un conservatorio. Así y todo, su voz barítono también homenajeó a su ídolo Nat King Cole con un disco en el año 2017 «Nat King Cole & Me». Quince canciones con una versión deluxe propias de Cole o inspiradas en su figura. Otra cuenta pendiente que puede saldar durante su carrera.

Su look es otra de las cosas que llaman la atención, una gorra y una balaclava o pasamontaña lo acompañan en todas sus apariciones públicas, la intriga le ganó a muchos y muchas colegas que le preguntaron por este punto. Él siempre afirmó que se debe a cirugías que tuvo a lo largo de su vida, las cuales no dejaron la piel en el mejor estado. Los discos pasan y nadie puede confirmarnos aún esto, un costado que Porter lo transformó en una marca identificatoria.

Si decimos que en el año 2020, el disco más destacado tiene 16 canciones y dura más de una hora, mucha gente nos tildaría de locos y de atemporales. La razón de esta columna es «All Rise», el nuevo disco de Gregory Porter, el cual fue editado a lo largo de la pandemia y grabado entre giras por París y Estados Unidos con muchísimos músicos talentosos en las distintas formaciones. Un año duro para el vocalista quien sufrió la pérdida de un hermano por el COVID-19, y es por eso que este material está dedicado íntegramente a él.

Acaso es el disco más versátil y más completo, Porter ya dejó de ser un cantante de jazz hace tiempo pero «All Rise» viene a matar cualquier duda que haya quedado por ahí. Blues, soul, funk, pop y el esqueleto jazzero que lo sostiene forman parte de estas 16 canciones, cuando no un disco largo. Esta placa no tiene puntos flojos, algo poco usual en un disco extenso pero tanto lo compositivo y lo musical dan cuenta de lo excepcional de este artista.

En las notas de presentación de su último material habló de la necesidad de salir a presentarlo y de la posibilidad de disfrutar mucho tiempo con su mujer y su hijo, si hasta se le animó al podcast. Acá van a encontrar los episodios publicados de la primera temporada. Mil y pico personas tuvieron la chance de verlo en nuestro país aquel domingo 8 de octubre de 2017, muchos y muchas más seremos la próxima vez, ojalá que no falte tanto.

Federico Bravo

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