Pericos en Streaming: En la Génesis

Un viernes cálido, nos cocinamos o solicitamos a un delivery amigo que nos acerque la comida y nos preparamos para comer un asado con Los Pericos. Obviamente, vamos a respetar la distancia social y estaremos todos sanitizados para que los riesgos sean los mínimos necesarios. Ellos desde la casa de Marcelo Blanco, percusionista de la banda, y nosotros/as desde algún lugar en el mundo.

La propuesta era novedosa, y nos sorprendió aún más a medida que se fue desandando la hora y pico de concierto. El concierto fue dividido en cuatro etapas, todas conceptualmente diferente entre sí y con locaciones ambientadas para la ocasión. La primera nos mostró a la banda con luz tenue en el jardín de la quinta mostrándonos un poco versiones cuidadas de canciones como: «Amanda», «Waitin´», entre otras. El sonido era impecable, con una claridad que permitía disfrutar todo al 100%. Los hits pasando uno tras otro, y la charla en casa era: «esto lo escuchaba cuando….».

Entre set y set, nos metíamos en la cocina Perica, propiamente dicho, porque Marcelo nos mostraba como iba a cocinar el costillar, el cual iba a ser degustado post concierto, y nos contaba diferentes anécdotas de la historia de la banda y de la insistencia en armar alguna propuesta así en algún momento.

La segunda parte se parece mucho a la última etapa de Pericos, con búsquedas más cercanas al pop y a la electrónica porque no. «Pupilas Lejanas» nos sorprendió con una versión cuasi experimental. Las luces LED daban un marco acorde a lo sonoro. En algunas pasajes, la banda trabajaba con dos teclados y, durante todo este pasaje, la batería electrónica marcaba el pulso.

La propuesta nos seguía sorprendiendo mientras nos iban llevando de acá para allá a lo largo de sus 34 años de historia. La versatilidad de los músicos no sorprende a esta altura, un momento de altísimo vuelo para el streaming.

Un fogón y un homenaje a Horacio Avendaño a lo largo de varias canciones que tenían un fuego en el centro como protagonista. Guille y Marcelo contaron un poco al final del set como Horacio había dejado letras antes de su partida, sabiendo que venía lo último. Un momento emotivo y de fraternidad, algo que se repitió a lo largo de toda la velada pero tomó muchísima más fuerza en este momento. «Runaway», acaso haya sido el pico de esta parte.

Sabíamos que se acercaba el final y algo eléctrico estaba por salir a la luz, era el momento de meterse dentro de la casa y pelar las canciones de cierre. Una versión de acaso de lo mejor del último disco de Pericos, hablamos de «Anónimos», un reggae como ellos saben ejecutarlo pero aggiornado al siglo XXI. El volumen subía y quedaba un restito.

«Complicado y aturdido» y «Casi nunca lo ves» fueron los últimos porque el costillar ya estaba hecho y más de veinte canciones habían sido ejecutadas a lo largo de un streaming muy disfrutable. Para destacar, a modo de apostilla, la decoración del lugar donde se emplazó esta parte del set tiene muchos detalles a destacar.

El saludo final se hizo en unas mesas con el costillar ya cortado y con la copa de vino en alto, deseando lo mejor para todas y todos los que estábamos atrás de una pantalla. Pericos entendió de manera excelente la potencialidad de este formato, nos mostró todas sus mutaciones y nos dejó un concepto muy fuerte para que nos llevemos: fraternidad. En este momento tan choto, la amistad y la familia es lo único que tenemos que cuidar para poder salir adelante, y compartir un momento con ellas y ellos es el mejor combustible.

Federico Bravo
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