Norah Jones en el Movistar Arena: Esa magia que nos eleva

Su promesa cada vez que se sube al escenario tiene la vara tan arriba como su nutrida y maravillosa trayectoria. Aún así, esta noche nuestra exigente expectativa fue cubierta con creces.

Se apagan las luces y el show aparenta empezar con un enigmático bombo de batería sonando en soledad. No tenemos tiempo ni de dudar al respecto porque a los pocos segundos aparece ella en el escenario, incorporándose al primer tema del repertorio con nada más que su voz.

La verdad es que para cuando termina Just A Little Bit, proveniente de su más reciente disco Begin Again, un poco sentimos que no necesitamos nada más. O al menos que cualquiera haya sido nuestro esfuerzo para llegar a estar hoy acá ya está plenamente compensado, aunque fuera por solo 3 minutos de la voz de esta mujer.

Suena Nightingale, ahora sí con ella sentada frente al piano, sencillamente conmovedora. Parecería mérito de la canción, pero creo que si Norah nos cantase El Payaso Plin-plin (o el feliz cumpleaños) se nos desarmaría el alma de manera idéntica.

Aparece Begin Again para marcar un acento sobre las teclas de su piano de una manera inédita hasta ahora en la noche, y luego de otra ronda de aplausos va a llegar Tragedy.

Se enciende una sutil línea de luces naranja en el escenario y parecen darle un mood de fogata al inicio de Its a wonderful time for love. ¿Coincidencia? Not.

“How are you?” nos pregunta y se disculpa ante quienes tiene inevitablemente a sus espaldas cada vez que está sentada tocando: “es lo que pasa con el piano”, dice.

Llega Those Sweet Words y con ella me invade una sensación de que nada de lo que ella hace mientras está en el escenario parece implicarle ningún tipo de esfuerzo.

«Es como si naturalmente respirara melodías, como si las teclas del piano se completaran gracias a sus dedos».

Corresponde mención especial para Brian Blade y su modesto set de batería, que con I’ve got to see you again brilla especialmente al atravesar diferentes ritmos y estilos a medida que transita los pasajes de la canción. Si no lo viéramos podría costarnos distinguir que solo hay una persona tocando, y el nivel de sutileza que maneja cada vez que acaricia los redoblantes está indudablemente a la altura de las circunstancias.

Sunrise se lleva los primeros silbidos y aplausos de esos que aparecen cuando empieza la canción y no cuando termina, y Norah regala una versión hermosa de uno de sus hits.

De pronto se levanta nuevamente y abandona el piano para tomar en sus brazos una guitarra. Con ella, va a interpretar Waiting y una sublime versión de Come Away With Me recibida con animados vitoreos de un público ya entregadísimo.

Van a pasar Little Broken Hearts también en guitarra, y de vuelta al piano para Even Though, pero se viene la joya de la noche: Don’t Know Why se asoma misteriosamente en una progresión de acordes tal vez inusual si uno tiene muy presente la grabación original…pero de todas formas, quienes nos damos cuenta de qué tema se trata empezamos a silbar instantáneamente y el resto de la audiencia no tarda en sumarse a la arenga.

Dato de color: siendo Don’t Know Why el tema insignia de Norah, lanzado en 2002 y que le valiera 2 premios Grammy en 2003 (Mejor Grabación del Año y Mejor Interpretación Vocal Pop Femenina), fue grabado anteriormente por Jesse Harris con quien formara su primer agrupación. Así que técnicamente cuenta como cover.

Los últimos temas formales de lo que ella describe como el último show de una “corta y larga gira” serán Flipside y Playing Along, su último corte grabado con Tarriona “Bank” Ball y cuyo lanzamiento aún no cumplió su primer mes.

Los esperados bises que se sumaron al repertorio fueron My Heart Is Full, Black (otra de sus colaboraciones) y Carry On con un mini solo de contrabajo a cargo del también virtuoso bajista que hoy la acompaña.

Y así llegamos al final, también con el corazón lleno: lleno de alguna mágica sustancia que aparece muy cada tanto y de la cual es imposible saciarse. Por suerte es contagiosa.

Gonzalo Semperena
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